Protegido: Capítulo XI

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Capítulo X

La princesa de trapo se encontraba tomando un aperitivo en el patio interior de palacio mientras escuchaba al pregonero real traer las nuevas del reino. Unos caballos fugados por aquí, algún nacimiento por allá, unos forasteros buscaproblemas por ahí… qué aburrimiento. Sin duda todo lo que acontecía en las tierras del principito de azúcar era mucho más emocionante que lo que sucedía en su reino de peluche. Se levantó de la banqueta y se estiró todo cuando pudo, hasta que sintió estallar alguna que otra costura de su ya de por sí deshilachado cuerpo. Su padre siempre insistía en que dejase de hacer eso y que hiciese el favor de ir al médico de peluches a que le cosiera de nuevo las costuras para estar más bella, pero a ella no le gustaba el médico. “Mientras no pierda espuma, no es necesario”, respondía una y otra vez. Más

Capítulo IX

La princesa de trapo estaba algo desconcertada. En los últimos meses había esparcido varias veces sus polvos pica-pica sin que surtiera ningún efecto. ¿Se habría cansado el principito de azúcar de verla? Se sintió triste y poco a poco su carácter fue agriándose. Su padre, desconsolado, le compraba todo tipo de cosas y contrataba a los mejores bufones del reino. Pero nada de eso calmaba la desazón de la princesa de trapo. Ella sólo quería vivir aventuras con el principito de azúcar, y ahora ya no podía. Más

Capítulo VIII

La princesa de trapo salió de tomar un baño. Pidió ayuda al servicio para retorcer sus extremidades de peluche y escurrir así toda el agua que todavía empapaba la espuma de su cuerpo. Cuando estuvo seca se echó en la cama de su cuarto y empezó a cepillarse el pelo. Casi sin pensarlo, estiró el brazo y tanteó con su manopla bajo su cama, donde había dejado el tarro de polvos pica-pica la última vez. Pronto los hubo esparcido y caído en un sueño profundo. Más

Capítulo VII

La princesa de trapo se hallaba en su jardín privado. Era un jardín muy especial, pues solo una flor crecía en él. La regaba y mimaba a diario para que creciera sana y lozana. El jardín estaba en un pequeño patio trasero al que solo ella tenía acceso. Nadie más podía ver la flor a menos que ella le dejase entrar en él. Aquella flor era, sin duda, su bien más preciado. Más

Capítulo VI

La princesa de trapo estaba tomando su desayuno. Le gustaban los tomates frescos cortados a trocitos con un toque de sal y pimienta. El chef del castillo de felpa se indignaba ante la simpleza de aquel desayuno, y siempre intentaba sorprenderla con nuevos e imaginativos platos. Pero a la princesa le gustaban los tomates, y era lo único que tomaba junto a una taza de té. Más

Capítulo V

La princesa de trapo se encontraba jugando con la cucharilla de postre, removiendo sin cesar los restos de pastel que no pensaba comerse. Asistía al enésimo banquete organizado por su padre en el castillo. En estos banquetes había comida abundante, invitados de alta alcurnia y mucho aburrimiento. El objetivo de éstos era que la princesa de trapo conociese a algún pretendiente que le gustase para, en un futuro, contraer matrimonio. Pero todos los príncipes que acudían a estos banquetes le parecían aburridos, pedantes o directamente insoportables. Más

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